lunes, 23 de agosto de 2021

Ritual (ejercicio sobre poema de Jacques Prévert)

 Echó té

en la taza

Agregó leche                                                                                            

en la taza de té

Después sumó el azúcar

y puso el pan

a tostar

Bebió varios sorbos

Tomó la miel

y roció el pan

Masticó con placer

y una vez más…

Echó té

en la taza

Agregó leche

en la taza de té

Después sumó el azúcar

y volvió a beber

Roció con la miel

otra rebanada de pan

Mirando sin ver

Percibió el cigarrillo

que la obligó a atender

Encendió el extractor

para proteger el ritual

Bebió el resto de la taza

y entonces decidió

Con dos rebanadas

está más que bien

Fue ahí que la lluvia

la hizo llorar


jueves, 19 de agosto de 2021

El broche muerde la soga de la ropa (poema)

 El broche muerde la soga de la ropa

porque tiene hambre de hilachas.

Hambre, mucha hambre.

Y al morder, más y más destroza,

más y más avanza.

La ropa teme su cercanía desmesurada

y trata de ahuyentarlo, pero falla.

En el intento se desgarra, hecha girones,

mientras el broche ríe sin parar.

Lo ha logrado una vez más,

en el camino queda un tendal.

La ropa casi muerta, agonizante, clama a gritos,

aunque ya nadie la escucha.

Irá directo al cesto de basura o, con suerte,

como trapo al lavadero.

Eventualmente le llegará el desquite,

aún hay broches aferrados a la soga.

Los que se resquebrajarán al sol,

o serán oxidados por la lluvia.

Momento sublime de la justa venganza.

Entonces, y sólo entonces,

se equilibra la balanza.

lunes, 20 de julio de 2020

Y tu vida será otra (novela, introducción y capítulo 1)

Introducción

La vida se presentaba como siempre, dependiendo del día podía languidecer o cobrar vigor. Aunque la mayoría de las veces tendía a parecerse demasiado a sí misma, en un statu quo poco recomendable para espíritus inquietos. Faltaba poco para la última estación del año y la temperatura ambiente comenzaba a hacer estragos; los de mayor edad y los más chicos sufrían las consecuencias de su veleidad. La naturaleza en pleno había desbordado plazas, solares, balcones y canteros hasta el límite de sus posibilidades. Los colores oscuros y tristes eran un lejano recuerdo entre tantos otros brillantes y cálidos, que se disputaban el protagonismo en una sinfonía de texturas y diseños. Los rostros agobiados delataban que cada día faltaba menos para las ansiadas vacaciones estivales; el universo se había puesto de acuerdo para renovar las esperanzas de los seres humanos otra vez.
Pertrechadas con características personales muy propias, las cinco mujeres de esta historia, aunque cada una, a su modo, veían siempre la luz al final del camino. Aquella luz de las segundas oportunidades, de las reivindicaciones, de que lo único que no tenía vuelta atrás era la muerte. A esas alturas, sus vidas eran lo que eran: algunos aciertos, varios renunciamientos, más de un fracaso.
Sin embargo, los logros personales no eran equiparables unos a otros, pues entre ellas diferían considerablemente; lo que para una podía ser un éxito para otra podía simplemente no representar un obstáculo, así de distintas eran. Provenían de cunas muy diversas, algo que se reflejaba en los caminos recorridos y en el modo en el que se veían a sí mismas. Cada una había tenido sus oportunidades y cada una había elegido en función de los recursos que tenía a disposición: los económicos, los personales, el entorno familiar.
Aun cuando existía un hilo intangible que las unía, la más exitosa vivía para y por demostrar que podía lograr cualquier cosa que se propusiese. Incluso era capaz de defender a los cuatro vientos que sus propios renunciamientos y/o fracasos eran tan sólo el resultado de cierto desinterés de su parte, no de falta de pericia.
Por el contrario, las demás mujeres (matices mediante) sentían verdadera vocación por lo que hacían y una gran capacidad de entrega, a pesar de lo cual todas esperaban un reconocimiento de parte del destinatario de su esfuerzo, aunque no era eso lo que las convocaba a la acción. El principal incentivo no provenía ni de una retribución económica ni de los comentarios de sus pares al pasar; la motivación la encontraban en sí mismas, en lo más profundo de sus convicciones. Allí era donde diferían realmente con la primera: en el lugar en el que buscaban el aliciente para proseguir, sin desmayos, tras una jornada agotadora, un revés, o una desilusión.
Fue entonces cuando, de repente, un acontecimiento impiadoso se atravesó en sus vidas y ya no fue lo mismo. Sólo ellas podían transformar a aquel feo sapo del pasado en un amigo confiable e inofensivo.


Parte I: De cómo se dieron las cosas

1

Su madre siempre le decía que a los canarios había que atenderlos diariamente. Pobres criaturas del señor, ellos no podían hacerlo solos, así le decía, una y otra vez, todos los días. ¿Cómo iba a olvidarse, a ver…? Era imposible. Pasaban los días, los meses, ¡los años!, y siempre repetía lo mismo. Parecía una letanía. Y lo peor de todo es que se le paraba al lado, pero bien al lado, y se lo decía casi al oído. Era desesperante.
Tan ensimismada estaba esa mañana que volcó el bebedero sobre la blusa que llevaba puesta. Con la mirada turbia comenzó a hacer pucheros justo en el momento en el que su madre se aproximaba, pero no iba a darle el gusto, desde luego que no. Rápida como un rayo giró como pivotando en pelota al cesto, “yo era buenísima” murmuró, y se dirigió a las jaulas. Su madre la vio alejarse con la boca abierta, esta vez no había podido.
Feliz con su pequeño triunfo rellenó los comederos y le guiñó un ojo al canario naranja. Convencida de que le había entendido, cuando el bicho se puso a gorjear creyó que le estaba hablando.
-Nena, ¿ya atendiste a los demás? Mirá que no pueden hacerlo solos… -dijo la vieja arrastrando los sonidos, además de las chancletas.
Olga Pietrantonio sintió una puntada en la nuca, acababan de arrojarle un dardo envenenado. A pesar de todos los recaudos que había tomado no pudo evitar aquella frase que tanto la mortificaba. Al darse vuelta con lentitud vio que su madre sonreía burlona mientras se apantallaba con una revista. El emplumado pareció aprovechar la situación y arengar al resto a imitarlo, pues tímidamente comenzaron a piar. Uno a uno fueron sumándose hasta que el canto se convirtió en un ruido ensordecedor. Olga se paró frente a las jaulas y en actitud amenazante los enfrentó con la manguera.
-No te atrevas… -susurró Gladys.
Aquello se había convertido en una contienda. ¿Quién saldría victoriosa, acaso la madre, con su frase monocorde dicha hasta el cansancio? ¿O tal vez su hija, decidida a no correr la misma suerte que los emplumados? El aire estaba cargado, casi se podía percibir a simple vista la electricidad reinante. Olga blandía el cilindro de goma como un fusil de guerra dispuesta a todo. Sin embargo, su progenitora no se quedaba atrás. Sus ojos achinados y la tensión de todo su cuerpo hacían pensar en una mamba a punto de atacar.
En la ventana que daba al patio se movió la cortina apenas y poco después apareció Gregorio, el padre, cargando una bandeja con el termo, el mate y los bizcochitos de grasa del domingo para atravesar el fuego cruzado. Al verlo aproximarse, Olga pensó en definir la situación de una vez y para siempre, pero al ver que su madre había perdido el interés y seguía los pasos de su marido como hipnotizada, revoleó el delantal sobre la jaula del canario naranja, restableciendo la calma.
Ya tendría su merecida oportunidad, era tan sólo cuestión de tiempo.


(Mientras aguardo el prólogo de mi nuevo libro, comparto con todos ustedes el comienzo.)

sábado, 28 de marzo de 2020

Mindfulness (relato)

Su cabeza estaba repleta de pensamientos. Pensamientos sobre la pérdida de valores, pensamientos sobre el cambio climático, pensamientos sobre la violencia de género, pensamientos sobre las revueltas sociales, pensamientos sobre la intolerancia religiosa, pensamientos sobre la falta de recursos naturales, pensamientos sobre el monopolio, pensamientos sobre el intervencionismo en las tendencias…
Llevaba tanto tiempo pensando que se sentía de otro siglo. No recordaba haber dejado de pensar ni un solo día. Aunque también pensaba acerca de cosas más cotidianas…
Pensaba cómo desempeñar mejor su trabajo, pensaba cómo ser un marido más atento, pensaba cómo convertirse en un padre más amoroso, pensaba cómo actuar de modo más solidario.
Hasta que se dio cuenta de que llevaba una gran carga sobre los hombros. Su capacidad casi infinita de pensar y repensar cada situación, por más pequeña o efímera que fuera, le había otorgado el apodo de Mister Encyclopaedia, algo que le había sacado una sonrisa al principio pero que deseaba desterrar de la memoria colectiva en la actualidad.
Por lo que, decidido a darle un giro de 180 grados a su existencia, se propuso darle rienda suelta a la espontaneidad y desembarazarse de tanta reflexión y análisis. Grande fue su sorpresa al pasar por una vidriera y observarse en el espejo que allí había: su cabeza había recobrado su aspecto normal. Y se dispuso, entonces, a vivir la vida.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Bel canto (cuento)

Los hombres jamás imaginaron que serían capaces de llevarlo a la práctica, pero allí estaban frente al Teatro Colón. Aguardaban impacientes la salida de la protagonista, una joven soprano que había accedido a la fama en forma vertiginosa, que era lo que más le molestaba a Roberto. Eso y que cantara como los dioses, porque María Callas ahora tenía rival, algo que él no toleraba. Aunque había un beneficio: la griega se había muerto y ésta no.
La cantante hizo, por fin, su aparición, rodeada de buena parte del elenco. No cesaba de recibir ovaciones por todos los costados y, como profesional que era, supo integrar a sus compañeros y compañeras. Una vez que se fue quedando sola, los dos hombres aprovecharon para acercarse y le pidieron que les firmara los programas de mano. Ella, muy desenvuelta y seductora, tomó la lapicera que uno le ofrecía y, también, se los dedicó. En el momento que se disponía a subir al auto que la llevaría a su casa, Roberto le cortó el paso con disimulo.
-Señorita Lundren, por favor, acompáñenos a tomar una copa así seguimos conversando un poco más. Somos fervientes admiradores del bel canto, que usted maneja con tanta naturalidad…
Verónica Lundren no pudo obviar semejante comentario y, a pesar de saber que algunos admiradores debían ser mantenidos a distancia prudencial, accedió muy complacida. Por seguridad propuso ir a un bar cercano, pero la convencieron de visitar un lugar pintoresco a pocas cuadras de allí. Aunque, al subir al auto, los hombres revelaron sus verdaderas intenciones.
-Mirá, piba, no queremos entretenerte así que vamos a lo nuestro -dijo Roberto, quien estaba sentado al volante.
-¡No me lastimen, por favor, les doy todo lo que tengo! -manifestó la cantante, comenzando a revolver la cartera.
-No, pará, no entendiste, ¿qué te pensás que somos? -remató Hernán, que a esa altura comenzaba a sentir hambre después de superar con estoicismo la ópera completa.
Los tres permanecieron observándose en silencio. Ella aferraba con temor su cartera contra el pecho, mientras pensaba que había sido un error ser tan condescendiente. ¿Por qué no había escuchado los sabios y reiterados consejos de su pareja en el escenario? En la próxima función debería darle la razón… Siempre que hubiera una próxima función, claro.
-Che, calmate. Sólo te pedimos que le cumplas el deseo a éste y te podés ir -dijo Hernán.
-¿¿Qué deseo…?? -la voz de la soprano se parecía más a un chillido que a un gorjeo.
-Te dije, boludo, le falta, no es tan buena como te creés.
Roberto lo miró con desaprobación y semblanteó a la mujer. Sí, estaba asustada. Lo mejor sería concluir lo más rápido posible. No fuera a ser cosa que se le diera por ir a la policía.
-Escuchame, Vero, ¿te puedo llamar así?, resulta que siempre quise ser como vos, o sea…, cantante lírico, ¿viste?, pero no se me dio. ¡Ni siquiera pude entrar a estudiar al Colón, me cacho! En fin… La cosa es que me hubiera encantado poder cantar con la Callas, ¿viste?, pero se me fue demasiado pronto… -ahí Roberto hizo un paréntesis porque se había emocionado. Hernán le pasó su pañuelo pero prefirió no aceptarlo. -Perdón, me acuerdo y me agarra un nudo en la garganta… Bueno, como te venía diciendo, entonces se me ocurrió, cuando te escuché el otro día, porque ya vine varias veces, ¿eh?, no soy un improvisado que te vio hoy y ya está. Te vengo siguiendo la trayectoria. Ojo al piojo, piba.
-¿Podés sintetizar, por favor? Entre la ópera y tu declaración de amor, ya llevamos como 4 horas dando vueltas con el asuntito -a Hernán comenzaba a agotársele la paciencia.
-Pará, pesado, si estás apurado, andate, que yo me arreglo solo -en ese momento, Verónica palideció.
-¿Con qué te arreglás solo…? -su voz era apenas un murmullo.
Roberto se dio cuenta de que estaba prolongando demasiado el misterio y que la soprano terminaría, efectivamente, yendo a denunciarlos.
-La cosa es así. Quiero que cantes conmigo la última parte, lo grabo con el celular y listo.
Verónica bajó un poco la guardia tras recibir un pedido tan inusual. Aunque parecían dos tipos inofensivos eran bastante delirantes. Pensó con detenimiento lo que respondería porque no estaba segura de que eso fuera todo.
-O sea que si acepto cantar con vos, me liberan…
-¡¡Pará, esto no es un secuestro!! ¿¿Vos ves armas, cuchillos, sogas, capuchas, eh?? -Hernán se estaba poniendo de un pésimo humor, algo que le ocurría cada vez que estaba hambriento.
-No maltrates a la chica porque en eso habíamos quedado. Y vos sé buenita, dame el gusto, que para vos es una pavada y para mí es como tocar el cielo con las manos. Así hacemos de cuenta que acá no pasó nada. ¿Eh, piba…?
-Pero sí pasó porque me están privando de mi libertad -Verónica acababa de perder el escaso temor que la embargaba y se los hizo saber.
-¿No te dije, boludo? Si yo soy adivino… O será que anduve con tantas piruchas que así me fue. No sé para qué hicimos todo este kilombo. Vos y tus sueños incumplidos.
-Tenés razón, Hernán. Al final, todas las minas son iguales. Me sacaste las ganas. Andá, andá a cantarle a Magoya.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Sunshine (microrrelato a prueba del clima)

Otra tarde gris. Ella miraba por la ventana de la oficina y sólo veía monotonía. “Con lo lindo que es el sol…”, se escuchó balbucear. Últimamente brillaba por su ausencia. ¡Qué gracioso, le pareció un juego de palabras! O un juego de imágenes, mejor. Un juego de imágenes en el que el sol brillaba por su ausencia. “¿Cómo brilla un sol ausente?”, dijo. Dibujó un sol bien amarillo, resplandeciente, y después dio vuelta la hoja. Claro, así no brillaba. Entonces espió del otro lado y lo vio.

Volteó la hoja una y otra vez para convencerse de que allí estaba. ¿Cómo hacer para que no se fuera, para que volviera? Ella no tenía poder sobre el cielo, que lloraría su carga nubosa cuando llegara el momento. ¡Era tan poco lo que podía hacer desde este lado de la ventana, que le devolvía sólo monotonía! Gris, opaca, deslucida, otoñal monotonía. Ahí fue cuando se dio cuenta.

Tomó la hoja de papel y la cinta adhesiva con decisión…

Así estaba mejor, mucho mejor.

El sol volvió a brillar en la ventana. 

jueves, 24 de mayo de 2018

La vida misma (poema breve, o a la manera de...)

Puertas que abren, puertas que cierran. Puertas que limitan, puertas que invitan. Puertas viejas, puertas nuevas. Puertas altas, puertas bajas. Puertas angostas, puertas anchas. Puertas macizas, puertas enchapadas. Puertas robustas, puertas livianas. Puertas de madera, puertas de metal. Puertas infranqueables, puertas amistosas. Puertas variopintas, puertas uniformes. Puertas transparentes, puertas opacas. Puertas que embelesan, puertas que rechazan. Puertas infames, puertas leales. Puertas memorables, puertas olvidables. Puertas plegadizas, puertas corredizas. Puertas luminosas, puertas opresivas. Puertas contundentes, puertas reemplazables. Puertas invisibles, puertas inviolables. Puertas decoradas, puertas austeras. Puertas impecables, puertas demacradas. Puertas anodinas, puertas mágicas. Puertas salvadoras, puertas vengativas. Puertas con historia, puertas sin pasado. Puertas que armonizan, puertas que no encajan. Puertas para transponer, puertas para respetar.

Puertas y más puertas. Muchos tipos de puertas. Hay todo un universo en las puertas. 

(Texto surgido de un taller literario reciente organizado por la UNTREF.)